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La hijuelación de la ciudad de Pichilemu se hizo en 1898, cuando don Daniel Ortúzar Cuevas era propietario de la franja más próxima al mar, donde se ubicaría el casco histórico de Pichilemu. El puerto, que había sido construido por don Daniel Ortúzar para sacar la producción agrícola de su fundo, pasa a ser puerto menor en 1887.
En 1885 Agustín Ross adquirió el Fundo San Antonio de Petrel, con la idea de crear un puerto mayor lo cual no fue avalado por los estudios de las mareas del lugar. Algunos textos de la época dicen que, algo desencantado, decide ocupar las tierras compradas a buen precio, en un proyecto turístico. Entre 1905 y 1920 desarrolla su proyecto de crear el balneario. “El señor don Agustín Ross derrocha el dinero en Pichilemu, que dentro de poco será un puerto completo, como es hoy un balneario de primer orden, el Biarritz chileno”, expresábase un cronista de 1903. Como pueden ver, entre distintas fuentes, las fechas no calzan.

Parte importante de los proyectos del Señor Ross fue la creación de un Hotel de primera categoría para recibir a la clase alta a la que él pertenecía. La construcción del Hotel, el Parque y el mal llamado Casino, a la usanza de Biarritz, debe haber sido una epopeya digna de recrear. Imaginemos llegar con materiales importados, jardineros japoneses, importar palmeras etc a aquel lugar aislado, lejano y de crudos inviernos donde el aire saldo invade el pueblo. El resultado fue magnífico, a pesar de todo. Según el blog pichilemuhistorico del ya fallecido historiador local Jose Arraño Acevedo, “Lo más encopetado del mundo santiaguino dióse cita en este balneario, copando los aposentos del Gran Hotel del señor Ross. Los diarios capitalinos traían páginas completas con propaganda y detalles del lugar de descanso, destacándose El Mercurio en una campaña de proporciones. Extensas listas de familias aristocráticas aparecían en la Vida Social de los matutinos santiaguinos.”
Las fotos que nos ocupan, muestran dos momentos en que el Hotel Ross, ya no en manos de su creador, aún atraía a clases acomodadas.
Para apreciar mejor lo que significaba llegar a Pichilemu en la época de estas fotos, se debe considerar que hasta los años 80 el pavimento llegaba solo hasta Peralillo, siendo los restantes 50 kilómetros una tortura de tierra y calamina, con un polvo fino que invadía todos los sistemas del auto.

hotel rossLa primera foto es la mas antigua. Puede ser el año 1947 ó 1948. El solitario personaje tomando el sol en la fachada del hotel, está acompañado por un hermoso, completo y reluciente Mercury de 1946 que se encuentra cruzando en primer plano. Parece estar nuevo y, como era costumbre de todos nosotros hasta pocos años atrás, tenía una gran parrilla portaequipaje en el techo. Las maleteras de estos autos no podían contener todo lo que una familia llevaba a sus vacaciones, que duraban unos 15 días. El Mercury siempre fue más elegante que el Ford, lo que explica la mayor cantidad de cromados de este modelo. Estacionados, un mas raro Pontiac de 1942 Torpedo fourdoor sedan y luego el auto más interesante de este set: Un Ford de 1935 con pintura de dos colores. Puede haber sido el auto del hotel en el que llevaba a sus huéspedes a la estación o a paseos al interior. También tenía gran parrilla en el techo. En aquella época los taxis no estaban reglamentados en sus colores, por lo cual este diseño de su pintura no lo permite identificar como taxi. Reafirmamos nuestra hipótesis que puede haber sido el auto del hotel. Recordamos haber visto varios Ford 35 en servicios similares en Pichilemu. Luego le siguen dos Ford 46, que en realidad fue el auto mas popular en Chile por muchos años.

350px-Hotel_RossLa segunda foto es mas moderna. Los autos ya son de otro tipo. Creemos que esta foto se puede localizar en 1951-52. Que vemos en ella? La fachada del hotel Ross no ha cambiado nada, los autos sí. Ahora hay un aerodinámico Chevrolet dos puertas Aerosedan de 1947, luego un Plymouth o DeSoto de 1949-51. Al fondo se aprecia algo mucho mas elegante: Por algunos detalles apenas visibles, podría tratarse de un Buick de 1942.
Otro anhelo del incansable señor Ross fue la llegada del ferrocarril a Pichilemu. Sucedió en 1926, año en que murió don Agustín, y funcionó hasta 1986. La llegada del ferrocarril sin embargo traía el germen de la lenta desaparición de los prósperos y exuberantes personajes que pasaban sus veranos en este pueblo con su pequeña réplica de no más de dos o tres cuadras, de la costa francesa. La estación fue declarada Monumento Nacional

Tiempos preciosos

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